Fecha actual Mar Sep 07, 2010 6:17 am


Nuevo tema Responder al tema  [ 1 mensaje ] 
Autor Mensaje
 Asunto: La Caza del Venado Blanco - Turno 3
NotaPublicado: Jue Abr 17, 2008 3:17 pm 
Guerrero
Avatar de Usuario

Registrado: Mié Ago 16, 2006 12:58 am
Mensajes: 150
Ubicación: Más allá de los bordes del mapa
El viento al amanecer parece la cuchilla helada de una espada espectral. El hielo endurece la nieve caída en las últimas semanas, y parece que ya no va a deshacerse hasta bien entrada la primavera, aun cuando en las zonas más meridionales del continente el otoño apenas ha dado los primeros pasos.

Una muchedumbre abrigada con los colores terrosos del invierno se apelotona a los lados del Campo del Sueño de la Sangre para observar el espectáculo del inicio de la Caza. En el centro del campo cubierto de escarcha se yerguen, como dioses primigenios, los participantes norn, las trenzas de las barbas al viento, y cubiertos de metal de arriba abajo, portando los estilizados estandartes de sus respectivos clanes. Viéndolos así ataviados, parece mentira que vayan a cazar al bosque, y no a asediar una fortificación.

Al frente del grupo se concentran los adalides de los Clanes. Ferengar del Clan Hullgrissen, sin duda el más espectacular prototipo de su raza, enorme y musculoso, mira pensativo al thane que, junto a él, sonríe y saluda al público. Ulfric Gerissen, es joven, noble y gallardo guerrero, y se muestra a las masas, como siempre, cercano y considerado. Este año aciago, en que el antiguo Jefe de los Clanes ha muerto tras una larga enfermedad, el joven thane ha decidido presentarse al cargo, compitiendo con el Gigante. El otro candidato, Lothar Järmundssen, pasea su corpachón enfundado en acero por el prado helado, balanceando la pica de más de seis metros sobre su cabeza, atronando con su risa de oso. Honesto, directo, brutal, ha aterrorizado durante más de veinte años a sus enemigos volteando ese mismo arma.

Todos ellos flanquean al thane de menor edad, que ha sufrido una gran pérdida a manos de la muerte: Skerri Larkdottir, una chiquilla larguirucha y desgarbada, que apenas sobrepasa los dos metros de estatura. Encoge sus hombros, como si el peso de la dirección de su clan fuera a aplastarla de un momento a otro, pero algo en la firme línea de su mandíbula le confiere parte de la presencia enérgica y carismática de su difunto padre, thane de thanes, el jefe de Clanes hasta hace apenas dos meses. Se encuentra a solas en el centro de la turba pese a que la acompañan los adalides de su Clan.

Entre los cazadores hay algunos humanos, representantes de los reinos que se extienden al sur de los Picos Escalofriantes. Reinos que, a ojos de los señores de los Clanes norn, se han mostrado acreedores de tal honor. Entre ellos descolla Dhaufvenian, el heredero de Kryta, acompañado por algunos de sus vasallos, un joven aguerrido, preparado para asumir las riendas del reino cuando Evenia, su madre, abdique en su favor. Cosa que, a decir de todos, está al caer, dado que Evenia ya no es la muchacha que resistía a los Capas Blancas, y a que el rey consorte, Dhaufvir, es un anciano senil y babeante con incontinencia urinaria permanente.

Algo más apartados están los batidores, sujetando de sus traíllas a los podencos, que gimotean ansiosos por empezar la caza. Entre ellos hay tres hombres pendientes del estandarte del Perro Negro del Clan Gerrissen. Y a su vez entre el gentío, vigilándoles, un monje bajo, macizo, pregunta a su dios, en silencio, si ése día se le revelará su destino.

Eric mira durante unos segundos a la concurrencia, hasta que localiza un barril vacío entre la multitud. Ante las miradas de sorpresa de Vhalim y Reddo, lo hace rodar hasta el interior de los límites del Campo, lo pone boca abajo, y saca tres cáscaras de nuez, que deposita sobre las tablas que cubren el fondo de la barrica.

-¡Atención!- brama hacia el público-. ¡Atención, distinguidos ciudadanos! ¡Henos aquí, en tierras de leyenda, viendo con nuestros propios ojos a héroes que marcarán la historia en eras por venir! ¡Escrito quedará en los anales norn el nombre del vencedor de esta ancestral contienda que enfrenta a hombre y Naturaleza desde los albores del tiempo! Se cantarán las hazañas, odas se escribirán en loor de tan bravos hombres. ¿Qué podemos hacer, nosotros simples mortales, más que mirar y maravillarnos ante el esplendor de esas portentosas lanzas, que abatirán, cual relámpago, al ciervo de níveos pelajes y áurea cornamenta? Sin embargo…

Eric enmudece. Observa cómo su escueto discurso llama la atención de los espectadores.

- Sin embargo, alguien de ustedes puede entrar en la leyenda, junto a estos gallardos cazadores. ¡Sí, en la leyenda! ¡Porque aquel, dios de dioses, que descubra dónde- hace un ademán florido con la mano, mostrando dorso y anverso desnudos, para, acto seguido, hacer aparecer una bolita de plomo entre los dedos índice y pulgar- está la bolita, sin duda se ganará el respeto de todo aquel que presencie el portento! ¡Dos cobres la apuesta, y no se agolpen, que tiempo habrá para que todos prueben suerte! ¡Usted, señora, no se me ansie, que me tira el chiringuito al suelo! ¡Y ahora, observen, que si parpadean se lo pierden! ¡Bolita en el centro, no la pierdan de vista! ¡Ahá, compañero, bien visto! ¡Pero si no hay dinero sobre la mesa de poco vale su perspicacia!

Vhalim, tras el momento inicial de estupor, suelta una carcajada, incrédulo. Reddo observa con la boca abierta al joven vociferante.

Eric guiña un ojo a éste último.

- ¿Qué, Reddo, amigo mio, no piensas apostar? Tal vez así desahogues esos nervios que te atenazan esta mañana.

El aludido cierra la boca con un chasquido de dientes, frunce el ceño y se vuelve de espaldas.

*************************************************************

Jain Zhar observa de lejos al sombrío Reddo. Sostiene entre sus largos y delicados dedos una esbelta vara de saúco grabada con runas místicas, y adornada con plumas de cuervo. Desde la distancia, desprende unas delgadas volutas del espíritu de su objetivo y las enhebra, cantando por lo bajo, alrededor del objeto. Durante un instante, la vara reluce con un fulgor plateado, y se apaga.

La joven sonríe, y se pierde de nuevo entre la multitud.

*************************************************************


El cuerno resuena en el campo, y los cazadores salen en estampida, entre rugidos de desafío, en dirección a la línea de altos abetos recubiertos de nieve que marca el límite
del claro sagrado. Los gallardetes ondean, las trompas de caza resuenan con acordes metálicos, ensordeciendo a los concurrentes, los caballos patean la tierra y los perros aúllan de excitación cuando, a la carrera, los participantes en la Caza desaparecen en el interior del bosque.

Entonces, el griterío cesa. Los cazadores aprestan venablos y jabalinas, y empiezan a rastrear, separándose unos de otros a fin de ser los primeros en avistar al animal sagrado y darle muerte. La salida ensordecedora no es más que la baladronada, el desafío que se lanzan unos a otros, en beneficio del público. Cuando la caza empieza, el silencio es el arma que esgrimen.

Vhalim camina en silencio, liderando el grupo. Reddo camina justo detrás de él, y Eric lo hace en último lugar, sin quitar la vista de la espalda del hipnotizador. Vhalim está tranquilo; la aparición de Reddo, como salido de la nada, lo ha intranquilizado, pero le alegra saber que Eric, pese a que no han hablado del tema, tampoco se fía de él.

El grupo de Ulfric marcha a unos ciento cincuenta metros de distancia, semiocultos por la espesura, cuando Vhalim se detiene sin decir nada. Mira a Eric y levanta tres dedos en el aire. Luego, señala hacia algún lugar en la espesura, y Eric desaparece en esa dirección, fundiéndose con la vegetación. En unos segundos, no queda ni rastro de Eric.

- ¿Adónde ha ido?- Reddo mira a Vhalim con desconfianza.

- Lo he visto con ciertas dificultades logísticas. Me he limitado a señalarle que hay un árbol a treinta metros bastante necesitado de líquido elemento. No te preocupes- Vhalim empuja de manera suave pero firme a Redo en dirección al grupo de cazadores de Ulfric-. Eric estará junto a nosotros en el momento más insospechado.

Reddo gruñe y se sacude la mano de Vhalim de la espalda antes de continuar la marcha.


Ulfric acecha entre los matorrales, junto con su único asistente, su sobrino Kirath. Apunta cuidadosamente con el venablo. Tiene al blanco señor de la espesura a tiro, las doradas astas brillando en la penumbra del sotobosque. Toma aire en una lenta bocanada, y aguanta la respiración, para evitar que el movimiento de la respiración altere la trayectoria del arma. Echa el brazo hacia atrás, y con un poderoso, lanza el arma a una velocidad espeluznante. El venablo se hunde profundamente en el pecho del Venado Blanco, destrozándole el corazón en un instante.

Ulfric ruge de triunfo. Sus ojos azules brillan con ferocidad. De pronto, un movimiento a su izquierda le llama la atención. Tres guerreros norn, sin distintivos que los acrediten como miembros de un clan, se adentran en el claro, pero sus miradas no están centradas en el Venado Blanco, sino en su persona, lo cual lo pone en alerta.

- Kirath, hijo, atento. Desenvaina tu espada- le dice a su sobrino, en un tenso susurro.

Sin embargo, el silencio de Kirath le llama la atención, y se gira para observarlo. El joven norn lo mira fijamente mientras recula con pasos lentos. La traición está pintada en su rostro. Ulfric gruñe por lo bajo, y extrae su única arma, el cuchillo de caza que pende de su cinturón.

El sobrino del thane gira sobre sus talones y huye del lugar, dejándolo solo ante los tres desconocidos. Resignado, se adentra en el claro con paso firme y se yergue ante sus atacantes. No intercambian palabras; no hay nada que decir. Los tres norn se despliegan en un ancho semicírculo, y extraen sus pesadas espadas, a una distancia de unos quince metros todavía, con el cadáver del rey astado del bosque como único obstáculo entre ellos.

La irrupción de dos hombres en el claro rompe momentáneamente la tensión. Uno de ellos viste ropas raídas de color pardo. El otro se emboza en una pesada capa de lana negra.

-… el chaval tiene la vejiga débil, el pobre- está diciendo el humano de cabellos plateados-. Si no aligera cuanto antes, luego...¡Hostias!

El hombre se detiene. Mira por primera vez el venado, que en su despiste casi ha llegado a pisar, y repara en los cuatro norn del claro.

- ¡Muy bien, muchachos! ¡Ha sido un disparo fuerte y certero! Enhorabuena. ¿Quién ha sido el afortunado?

Nadie le contesta. Simplemente, cuatro miradas estupefactas se clavan en su rostro risueño. El humano repara en las armas desenvainadas, y una expresión de comprensión ilumina su mirada.

- Vaya, aquí tenemos la típica discusión de los cazadores… no os ponéis de acuerdo en quién debe cobrarse la pieza… vamos, chicos, no vale la pena reñir por media tonelada de carne.

- Esto no te concierne, humano- el cabecilla de los atacantes hace un gesto con la espada, apuntando al bosque-. Si te largas, no saldrás herido.

El humano de cabellos plateados se frota, pensativo, el mentón.

- ¿Sabes, pedazo de mierda?- Ulfric pega un respingo ante el insulto, asombrado ante la desfachatez del humano, y la aparente falta de consideración por su propia seguridad-. A mí nadie me dice qué debo hacer, ya sea humano, norn, char o la que sea su puta raza. Creo que lo que voy a hacer es cerrar los ojos y dejar que te largues corriendo. Y si los abro, y aún estás ahí, te cortaré los huevos y se los mandaré a la zorra de tu madre para que los cuelgue encima de la chimenea, como recuerdo de la nenaza que se le ocurrió parir un buen día.

El cabecilla lo mira, boquiabierto, mientras el humano extrae una espada de esgrima, larga y delgada, de su funda, y la blande un par de veces en un molinillo ante él. Su rostro está tranquilo, y sólo un atisbo de excitación mal contenida brilla en sus ojos. Su compañero encapuchado rebulle de inquietud, mientras desenfunda a su vez dos espadas que cuelgan a su espalda.

- Aunque es posible que eso resulte más un alivio que una afrenta para un desgraciado como tú- continúa el humano, tranquilo y despectivo-. Debe ser una putada que sólo se te ponga dura espiando a tu padre cuando se folla a tu hermana, la que tiene ese coño arrugado de cabra sifilítica…

Con un rugido, recuperado de su sorpresa, el cabecilla norn se abalanza contra los humanos blandiendo una espada de más d dos metros de largo.

_________________
No soy calvo. Es que estoy mal repartido.
Imagen


Arriba
 DesconectadoPerfil  
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 1 mensaje ] 

Todos los horarios son UTC + 1 hora [ DST ]


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro

Buscar:
Saltar a:  
cron

Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
GuildWarsAlliance Style by Daniel St. Jules of Gamexe.net
Guild Wars™ is a trademark of NCsoft Corporation. All rights reserved.
Traducción al español por Huan Manwë